Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir para siempre

Imagen de El País Semanal
Nos dejó dicho Mahatma Gandhi:  
“Vive como si fueras a morir mañana. Aprende como si fueras a vivir para siempre”.

Somos animales acumulativos que debemos además de retener, repartir, compartir. 

Para poder crecer durante toda la vida, durante toda ella hay que seguir reteniendo experiencia, formación, aprendizaje, sabiduría. 

Para poderla repartir. 

Sin lo que nos entregaron cuando nacimos, acumulado por todos los que vivieron antes que nosotros, no seríamos humanos racionales.

Pero no sabemos en qué momento ya no podremos seguir repartiendo, acumulando. 

No hablo de la muerte física solo, sino de la muerte mental, de la incapacidad sobrevenida. 

Somos frágiles y por eso cada día es un regalo que debemos aprovechar como el último, planificando el presente, y dejando al futuro simplemente que venga, que vendrá.

Para qué sirve un diario personal?

La mayoría de las personas no sabemos verbalizar bien nuestras sensaciones, nuestras emociones y temores. Nuestros dolores internos que nos producen enfermedad a poco que los dejemos pudrirse. Si no sabemos expresar las emociones, si no sabemos sacarlas hacia fuera para vaciarnos, se convierten en patología, en enfermedad.

Por eso los diarios personales son una buena medicina y sencilla, sin contar que no hay otra tan barata como esta. Un diario personal debe ser eso, personal, y debe adaptarse a nosotros, no al revés. Debemos vaciarnos, pero dominando el vehículo, sabiendo que lo que escribamos, además de ser un sistema de válvulas para vaciar, debe ser un mecanismo positivo, un lugar de reflexión, un sitio donde suene la música de cada uno.

Todos tenemos nuestros errores pegados a nuestra piel. Somos como todos los demás, seres que nos equivocamos. Y un diario debe ser ese lugar, esa charca, donde además de vaciar de mocos nuestra vida, debemos analizarlos en silencio o a gritos, pero en soledad, para volver a quedarnos limpios. A veces vaciarnos de mierda no nos deja limpios, sino más sucios. Por eso hay que planificar el diario, pactar con él, para que nos deje limpios y sanos.

Un diario puede ser prosa o poesía, frases aleatorias o un trabajo fino y concienzudo. Puede ser aleatorio e inconstante o una obligación personal para quedar limpio. Todo depende, a todo se adapta. Pero nunca un diario es más importante que tú. Dominalo y utilízalo como una herramienta para curar. Y disfruta de él.

Terapia para limpiar de basura nuestra cabeza

La poesía es (sirve para) algo más que literatura, va más allá de intentar que los versos tengan las mismas sílabas, o rimen, o suenen bien. La poesía expresa lo que nuestros labios quieren decir, o lo que escribiríamos en una prosa, tal vez llena de enojos, o de sinsabores. La poesía sería literatura con música.

Sin embargo si convertimos esa tristeza, rabia o alegría en unos versos, tú lo expresas y te desahogas y quien lo lee en vez de leer un texto sobre algo de tu vida personal, está leyendo algo que no sabe si es personal o no, aunque quien lo escribe sabe lo que expresa. Es una forma de llegar dentro de cada persona con pocas palabras, con sonidos escritos.

Es por esto que la poesía, más que la prosa —porque admite más juegos de palabras— es un buena terapia para sacar la “basura” de nuestra cabeza.

De hecho, una de las mejores terapias que existen para hacer un “reset”, es la siguiente:
Coge un papel y un bolígrafo, y escribe todo aquello que te atormente, o que te preocupe, si estás de mal humor, escribe insultos o palabras malsonantes. Léelo, escúchate, vuelve a leerlo hasta que te suene mal, intenta entender por qué lo estás diciendo.

Eso sí, cuando hayas acabado, lo rompes en trozos lo más pequeños posible y lo tiras o los quemas, pues no es cuestión de llenar los cajones de malos rollos. Te habrás vaciado y a la vez, habrás limpiado de malas ideas parte de tu momento actual.
 
Laura Puente

Compartir la soledad es curarla, o mejorarla

Tener en la vida gente que nos apoye social y moralmente es una de las cosas más importantes que debemos conseguir. Son esas personas que a veces están más cerca o más lejos pero que nos conocen sobradamente y saben lo importante que es para cualquiera una llamada, un whatsapp o un café a media mañana. La comunicación entre seres humanos es muy importante, el hablar y escuchar, el tocarte, el olerte, esos conceptos casi animales.

En estos tiempos de crisis, muchas personas se han encontrado con un vacío, que solo llena a veces su propia persona, y están tan a gusto encerrados en sí mismos que no quieren saber nada del resto del mundo. Así me lo hacía saber un profesional en salud mental hace unos meses, como uno de los retos a resolver, pues crecen las personas que se aíslan, ante lo complicado que les resulta interactuar con semejantes.

Pero lo cierto es que aunque lo intentes esconder, tú, que ahora lees esto, que seguro conoces a personas en esta situación, o que tú mismx están en ella, también necesitas sentirte arropado en los momentos de soledad. Si la gente con la que antes te relacionabas, ha desaparecido de tu vida, busca medios para encontrar gente nueva. Las amistades son como la ropa, hay que renovarlas de vez en cuando, pero nunca puedes (debes) ir desnuda.

Yo te aseguro que no tengo muchos amigos de eso de “hace años”, que la gran mayoría los he conocido hace poco, y en eso reside parte del encanto. En buscar gente con la que compartas gustos, aficiones, o que pertenezca a una asociación de la que formas parte.
 
Y si en algún momento toda la gente falla —porque nos puede pasar a cualquiera— pues te creas un blog, sales a dar un paseo o te compras un perro, que esos bichos de cuatro patas siempre te acompañan mucho. Por algo son el mejor amigo del hombre. 
 
Laura Puente
 
 

El psiquiatra y el psicólogo más baratos del mundo

La factura o la nota del psiquiatra o del psicólogo es siempre muy cara. ¿Lo han notado? Dijo mi amigo AN en su última visita a la psicóloga una frase lapidaria: “Mire, el problema se ha convertido en usted”.  Es curioso lo complicado que es una derivación a psicología o psiquiatría de la Seguridad Social, y cuando lo consigues tras muchas esperas, las siguientes son a los seis meses cuando no al año. En cambio si vas de particular es decir de consulta privada, te dicen de volver cada semana, cuatro veces al mes. Curiosa tremenda diferencia a precio de billete.

No son baratas las consultas, pero yo os voy a dejar las más baratas del mundo mundial, las consultas eficaces y más baratas en psicología y psiquiatría.

Se trata de leer y escribir, sabiendo que leer funciona bien pero menos, y que escribir funciona maravillosamente. Se preguntaba Graham Greene que cómo lograba huir de la locura las personas que no quieren escribir. Pero en esta opinión están muchos escritores famosos que saben lo terapéutico que es escribir. Que por cierto no tiene nada que ver con publicar, ni tampoco que aquello que escriben muchos escritores famosos o no, sea todo publicado y publicable.

¿Que no sabe escribir? No, no no. Recapacite. No sabe escribir como Vargas Llosa o Delibes, como J. J. Millás o como Matute. Vale, en eso de acuerdo aunque habría que leerlo. Pero nadie está hablando de escribir como ellos, estamos hablando de escribir como terapia, como ejercicio más importante que el Pilates o la gimnasia de tripa. Estamos hablando de gimnasio mental, de vaciar, de limpiarnos, de reconocerse al releer los textos varios meses después, de darnos cuenta al escucharnos en voz alta verbal o escrita, de que somos como todos, y más válidos que todos, pues somos nosotros.Escribir mal, como sepamos, como nos salga de dentro. Escribir y esconder.

Se puede escribir un diario, pero también poemas, reflexiones, artículos cortos, cuentos infantiles, ideas, novela, filosofía personal, pensamientos sobre el momento político o social, ensayos sobre tu vida profesional o sobre tus aficiones. No pienses más que en un único lector. Sólo tú. Y siempre es gratis. Bueno…, bien, el papel si lo imprimes. Pues no lo imprimas. 

Y si no te atreves a escribir, que es muy sencillo hacerlo: dibuja, pinta, colorea. No es lo mismo, pero también ayuda mucho.

Vida pública, privada e íntima. Diferenciaciones

Tenemos la imagen pública, la imagen privada y la imagen íntima. La imagen de todos, la imagen que repartimos con los que libremente compartimos y la imagen solo nuestra y si acaso de otras muy pocas persona más.

La imagen pública sobre todo si eres una persona pública, es de todos y todos tienen que tener acceso a toda ella con total normalidad. La imagen privada si eres persona pública debe esbozarse y conocerse en alguna medida por suficientes personas sobre todo en esa parte que roza la vida pública. Pero si eres persona privada nadie debe airearla ni emplearla en redes sociales o similares, para aprovecharse de ella. Y en la vida privada de personas públicas meto tanto a políticos como a empresarios, artistas o personas que influyen y tienen poder sobre otras personas.

Un empresario por poner un ejemplo, debería dar a conocer su imagen privada en la misma medida que un político, aunque sólo para aquellas personas sobre las que tiene influencia. No es entendible que un político someta a información de todos los ciudadanos sus declaraciones de Hacienda, y no haga lo mismo un empresario informando a sus trabajadores. ¿Es una locura? No. Pues curiosamente lo tiene que hacer con los bancos con los que trabaja o con sus proveedores importantes, pero en cambio no lo hace con sus trabajadores. Es más importante —y lo exigen— un banco, un proveedor de máquinas e incluso algunos clientes, que cualquiera de sus trabajadores

Si eres empresario sabes perfectamente qué tipo de trampas se hacen, qué es lo que se esconde mientras se aparenta algo totalmente diferente. Es dinero de la empresa, pero que afecta al futuro personal y familiar de todos sus trabajadores, y de una parte de la sociedad, pues una empresa siendo privada tiene unos componentes públicos importantes para hacer funcionar un país. Y como le puede afectar al banco o al proveedor, al cliente incluso, se piden esos datos y se dan, ya lo creo que se dan.

La imagen íntima sólo es de cada persona, debe ser totalmente personal y cerrada y no debe conocerla nadie más que cada persona y si acaso su círculo más íntimo y sólo si él quiere. Pero lo íntimo no es qué coche tenemos, de donde logramos nuestros ingresos, a dónde nos vamos de vacaciones y si pagó en negro o en blanco a sus colaboradores. La imagen íntima son las relaciones personales, es el sexo, es el cuerpo, es la familia, es la cueva y el hogar, son las aficiones internas y cerradas. Si no es ilegal, todo esto es íntimo. Si es ilegal pasa a ser privado.

Debemos conocer nuestros puntos débiles, para mejorarlos

Somos lo que creen y quieren los demás que seamos. Da igual lo que nosotros pensemos que somos, lo único real es lo que piensan de nosotros los demás. Aunque nos importe poco, y recomiendo que nos afecte menos. Puede ser una dicotomía, pues por una parte somos lo que otros quieren que seamos, y por otra creemos ser lo que nosotros queremos ser. A veces coinciden ambas formas de pensar, pero otras están muy alejadas.

Uno puede pensar que es guapa y simpática, u horrorosa y sosa, pero en realidad son los demás los que saben qué y cómo somos. Así que el único camino que nos queda es aprender de los demás, detectar cómo nos ven los otros a través de los resultados de la relación. Si la relación con el conjunto de personas no es parecida a la que tienen entre ellos todos los demás, es que algo estamos haciendo mal.

Si todos los chicos quieren venir con nosotras, es que tenemos “algo”. Si nos cuesta relacionarnos y además no vienen a quedar con nosotros, la cosa hay que mejorarla. Si tenemos dudas sobre lo negativo, no tengamos dudas, es que es negativo. Sobre lo positivo ya no funciona igual, pues algunas personas podemos tener el ego elevado al cielo.

No sirve de nada preguntar qué somos. Nos van a engañar. Lo tenemos que detectar con los resultados, con las relaciones, con ese sexto sentido que tenemos para leer entre líneas, entre miradas, entre relaciones de grupo. Si nos creemos simpáticos pero no se nos pegan, es que no somos simpáticos. En realidad somos la suma de muchos factores, podemos no funcionar bien en uno y ser maravillosos en otro. Pero lo importante es conocernos, saber qué piensan los demás de nosotros, y preocuparse poco por esto. Y ese “poco” debe ser para mejorar los errores.

Elegir un nuevo camino es abandonar otros

Cada vez que avanzas vas dejando de lado algunos paisajes que ya son viejos, incluso a algunas personas que no pueden seguir tu ritmo. Pero la vida es avanzar, es alcanzar objetivos, es trabajar por mejorar el entorno y tu entorno sobre todo. 

Si tú te mueves, también se mueven todos los demás. Puede que en la misma dirección. O puede que en otra. Puede que se acerquen o que se alejen. Es ley de vida. 

Cuando encuentras algo nuevo, es posible que los que te rodean no lo vean del mismo color, que les agrade de forma diferente a ti las nuevas decisiones. Es lo habitual y de lo que debemos trabajar para que nos afecte lo menos posible, sobre todo si no hemos elegido la afección.

Un nuevo camino siempre es una elección que deja de lado otros caminos. Tú decides. Tú te equivocas. Pero sobre todo…: Tú aciertas.

Clases Activas contra Clases Pasivas. Somos el presente

Las Clases Pasivas es un nombre sacado de la manga para referirse a los mayores —cuando no considerados ancianos o viejos—, que han acabado su vida laboral. Peyorativa y mentirosa, a la vez que desafortunada formas de hablar de nosotros y que deberíamos revertir entre todos. Los primeros interesados, los que ya no trabajamos y superamos los 60, pero tenemos ganas de dar mal. O bien. Hay que pelear porque las clases pasivas se vuelvan las Clases Activas.
 

Pero no son clases activas aquellas que se dedican a cuidar de los nietos, lo siento por vosotros, que sois mayoría. Cuando me refiero a revertir este concepto entre pasivo y activo; mi deseo se traslada a que los mayores de 60 empecemos a trabajar duro por explicar nuestra experiencia acumulada, como se hace en muchas otras sociedades. Por cierto, que llevan miles de años haciendo lo mismo y no les va mal, pues ir bien es simplemente ser más felices.

Tenemos que ser más activos, pero no como aprendices de cuidadores de niños, sino como maestros industriales o de vida, lectores y pensadores, creadores y entrenadores, gentes que además de no estar muertos —todavía— estamos con ganas enormes de incidir en la sociedad que vamos a dejaros a vosotros. Personas que compartimos, que regalamos, pero ojo, que no regalamos como impertinentes pesados, sino como personas que ya han superado la vida y ahora nos encontramos intentando entenderla mientras vamos en búsqueda de la muerte, con naturalidad y sin dramas. Tú también te vas a morir, tranquilo, pero no hay que pensar en eso, pues no sirve de nada.

Decía alguien que la persona y la muerte son incompatibles, que nunca nos juntaremos el YO con la muerte. Cuando ella venga me iré yo, y mientras esté yo, ella ya sabe que no puede venir.

Volvamos al meollo. Ser cuidadores de nietos es muy bonito. Pero es malo no saber utilizar el valor acumulado de esas partes de la sociedad que ya estamos bajando las escaleras. No somos inútiles, no somos meros garajes contenedores ni limpiadores de mocos. O somos mucho más que eso…, o no debemos querer ser esa nada en la que nos convierte la sociedad por su funcionamiento equivocado. Ser abuelo contenedor o garaje es un error para la sociedad. Y luego lo es para el abuelo y su libertad personal y su descanso merecido. Y a la larga para los hijos de los abuelos, que verán empobrecida la sociedad, aunque ahora se rían de estas palabras.

Dos frases para empezar el día con más energía

Son dos frases de una cafetería de Zaragoza, que te dan la bienvenida al entrar. Un detalle como poco bonito, para animar el día.Una forma original de dar la bienvenida al cliente.

Te espera el diario, una revista, dos ceniceros por si tomas la consumición en la terraza de la calle, y dos frases alentadoras, para sonreír ante la mañana. ¿Se puede pedir más por un café o una caña?

El problema de las mentes cerradas es que siempre tienen la boca abierta
Nunca digas de este agua no beberé, porque el camino es largo, y te puede dar sed
 
 
 

Hay varios tipos de escuelas. ¿Cúal es la mejor?

Admitimos que hay varias escuelas, varios tipos de escuela. Bien. Y admitimos que ésta, la de ahora, en España, no está funcionando como debería. Mal pero bien. ¿Y por qué no cambiamos el tipo de escuela? Incluso cabría preguntarse…: ¿Y por qué no derribamos las escuelas? Es posible vivir sin escuelas, que no es vivir sin formación, sin educación suficiente. Es otra cosa, es vivir sin que una “escuela” planifique que controle con una acertada dirección única, lo que tenemos y lo que NO tenemos que aprender. Parece anarquismo, pero no lo es. Parecería contracultura y no lo es. O sí. Tampoco lo sé bien, o si lo sé me callo.

En mitad de los años 60 de aquella España con dictador yo tuve un maestro que se salía de las normas de la escuela pública ordenada. Un osado milagro. Lo tuve sólo un año y fué totalmente insuficiente pero lo perdí por cambio de domicilio. Se llamaba don Julio y hoy tendría más de 90 años (o los tendrá) y siendo yo un crío de 10 y 11 años me mostró que otra forma de aprender era posible en la antigua Universidad de Zaragoza convertido el edificio en colegio público para niños, hoy colegio Pedro de Luna, en el barrio de la Magdalena. Nunca le pude dar las gracias. Eran tiempos de nuevas escuelas, de ideas como las de Ivan Illich y Paulo Freire y sus posteriores secuaces como los españoles César Bona y Daniel Cassany, que todo se replantearon (y se replantean) para intentar la locura de cambiarlo. 


Ahora hay varias escuelas en Zaragoza, en España, que son “diferentes”, y movimientos como “Las madres de día” que siguen analizando proyectos educativos diferentes. No se diferencian mucho entre ella, pero hay varias con suficiente entidad como para pensar que todo es posible. Y por ello cabe preguntarse si no es lógico analizar que unas estarán funcionando mejor que otras en la formación de grupos de jóvenes y niños, de cara a enfrentarse a su vida de adultos.

Porque hay que tener clara una cosa simple, nos educan para ser adultos, para tener una educación básica con la que enfrentarnos a una educación superior y luego a la vida. Así que es fácil medir los resultados. Comparar con otros procesos finales de otras sociedades y otros sistemas educativos. ¿Saben los niños españoles ser felices cuando son adultos? ¿saben defenderse ante la vida, ante el trabajo, ante su propia familia, ante los retos de convivencia? Lo de menos es saber raíces cuadradas o los Reyes Godos, lo que es más es saber enfrentarse a una entrevista laboral, a un director de banco, a tomar la decisión de emprender, a seguir formándose, a ser activo, a ser crítico, a amar el arte.

Enseñamos para que no aprendan, o lo que resulta parecido: Enseñamos para que los niños y jóvenes no tengan que ir en busca de lo que deben aprender. Decimos que enseñamos para que todos aprendan los mismo, y eso es cierto, pero aprender lo mismo no es la excelencia. ¿Aprender qué mismo? ¿cuanto mismo? Al ser humano al que enseñarle sobre todo a aprender. 
A poner en valor los aprendizajes bien realizados, a equivocarse, a tropezar, a seguir explorando, a crecer desde su propia experiencia. Se aprende practicando, tocando, rompiendo, comparándose, peleando, perdiendo, volviendo a tocar, levantándose y volviendo a caer. Se aprende por uno mismo. Y si se nos enseña mal Dvorak, siempre odiaremos a Dvorak y a todo lo que se parezca. Si odiamos el Siglo de Oro o al Quijote, nunca desearemos leer, nunca pensaremos que escribir es interesante, que es posible ser como sociedad, un grupo de ciudadanos capaces de comerse lo que se platee.