Votantes, consumidores, esclavos, alumnos ¿y libres críticos?

La vida no es un vaso que tengamos que ir llenando de conocimientos, somos mucho más y sobre todo tenemos que ser también críticos con lo (los) que nos intentan enseñar. No debemos convertirnos en meras máquinas de un sistema que necesita mano de obra barata y callada, fáciles de recambiar y con los conocimientos justos para ser rentables.

No podemos ser simples votantes de opciones cerradas que nos venden como dicotomías entre el bien o el mal. Ninguna es buena como ninguna es mala per sé. 

En la misma medida en que todos somos religiosos incluso aunque no creamos en ninguna religión. Pero ser religiosos no es ser feligreses de ninguna organización montada para vendernos dioses o santos, normas o mandamientos. Se puede ser religioso del bien común, de la sociedad, de nuestro pensamiento y reflexión. Llevamos miles de años siendo religiosos, mucho antes de que nacieran los Profetas más antiguos de todos. Y aquellas personas sin Profetas ya creían en sus Dioses.

Y sobre todo debemos vigilar muy bien nuestra capacidad de ser clientes, consumidores, pacientes, ahorradores o deudores. Esa es la forma más sencilla de perder la libertad, de que nos conviertan en esclavos 3.0 del siglo XXI.

Debemos ser personas, individuos capaces de leer páginas enteras y no titulares, seres vivos en su totalidad que exijamos una formación continua válida y libre, donde nosotros mismos pongamos los objetivos y las metas. No debemos admitir que todo nos venga impuesto, envuelto en papel bonito y para consumir de forma fácil.

Insistir, persistir, resistir y nunca desistir?

Insistir, persistir, resistir y nunca desistir. Sería una frase clara y contundente de resistencia ante lo que tenga que ser o venir. Y siendo positiva, hay que matizarla. Las dos primeras palabras y decisiones vitales ante cualquier tipo de problema (Insistir y Persistir), son claras y no creo que deban tener objeciones. Si no insistimos ante lo que creemos, si no persistimos en ello convencidos de nuestras razones, perderemos autoestima y nunca sabremos hasta dónde podríamos haber llegado con nuestra actitud.

Resistir tiene una doble vara de medir. Resistir sí, pero a veces hay que valorar los costos, las posibilidades, las herramientas…, y empezar a realizar algunos cambios. Resistir tras persistir supone que aquello no es nada fácil y que debemos reflexionar sobre los modos que hemos empleado. ¿No deberíamos hacer algunos cambios a la vez que resistimos?

Por últimos nos queda la decisión más compleja. ¿Nunca desistir? Pues no es una verdad absoluta. Aquí como lema puede servir, pero como realidad no nos tiene que valer siempre. Desistir o ceder no es sinónimo de derrotarse. En toda batalla mental, real, profesional, vital, el pararnos y dar marcha atrás es una opción más, y a veces la más inteligente. Pero también es cierto que si las cosas están muy complicadas pero estamos convencidos de nuestras decisiones, desistir no es lo más positivo para nosotros, aunque paguemos un precio alto.

Puede que nosotros tengamos razón pero que enfrente tengamos a alguien con más razones que nosotros. Eso puede suponer que nuestras decisiones sean buenas…, aunque las del contrincante sean mejores. Y que en cualquier otro momento, situación o ambiente, lo que ahora nos obligue a torcernos o incluso a perder, no sea un problema. En una partida, negociación o batalla siempre alguien debe perder…, excepto que se negocien tablas.

Los niños están demasiado solos y sin límites?

El psicólogo clínico y psicoanalista Joseph Knobel Freud ha estado en Zaragoza impartiendo una conferencia en CaixaForum para la Escuela de Formación de Psicoterapeutas de la Asociación Aragonesa para la Investigación Psíquica del Niño y el Adolescente (AAPIPNA). En una entrevista para Heraldo de Aragón nos ha dejado dos párrafos interesantes que compartimos.

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Durante su comparecencia ha afirmado que vivimos en una sociedad declive de las figuras parentales y ha destacado la necesidad de que los padres vuelvan a ocupar el lugar que les corresponde en la educación de sus hijos. ¿A qué se refería?

Creo que no podemos trabajar con los adolescentes si no incluimos a los padres en el proceso terapéutico, y para ello tenemos que asumir la diferencia generacional, es decir, que los padres tiene que ser padres y los niños, niños. Muchas veces es más fácil permitir que educar y a veces, ciertos padres opinan que es mejor dar al niño lo que quiere que discutir, sin embargo, cuando los niños están creciendo sin alguien que les dirija lo hacen asustados. Es necesario que nos comuniquemos más, que les escuchemos más, y que interactuemos con ellos. En lugar de quejarnos que pasan todo el tiempo viendo la televisión, vamos a sentarnos con ellos a ver qué están viendo y hablemos de ello.

Nuevas tecnologías, fracaso escolar, bullying… en la actualidad son numerosos los retos que abordar en el ámbito de la infancia, ¿cuáles son las consultas más típicas?

Los niños están demasiado solos y no tienen límites. No tienen un lugar propio en su casa, no generan espacios de intimidad y eso genera muchas patologías comunes. Uno de los problemas que más me preocupan es el acoso escolar, tanto desde la figura del acosado como del acosador, ya que es un problema social que no se está resolviendo. Creo que tenemos que hablar más y fomentar la comunicación intergeneracional.

Hay que esforzarse para reflexionar. Por eso no lo hacemos

Vivimos en un mundo triste donde prima la superficie, donde se nos entrega gratis incluso nuestra forma de pensar, a poco que nos dejemos llevar por los que gestionan escondidos nuestra capacidad crítica. Nos dejan elegir ser de derechas o de izquierdas, religiosos o anticlericales, pues nos entregan paquetes cerrados donde todo está ya dentro bien estructurado. 

Pero entre medias de estas posturas hay decenas de estaciones intermedias donde no nos dejan ponernos a pensar con la misma facilidad. Y esa prohibición no es tal, es simplemente que nos entregan simplificado el modo para que lo elijamos entre posturas ya empaquetadas, nos facilitan las posiciones, y así no tenemos ni que pensar. Todo parecen hacerlo por nuestro bien.

No parece necesario esforzarse ante nada. Por eso tenemos una sociedad triste donde el esfuerzo personal no tiene el valor que debería.

Todo nos lo entregan masticado y además nos van alimentando con más combustible empaquetado para las posturas polarizadas. Si eres de “los raros” que prefieren estar en medio de las dos posturas encontradas, no te entregan combustible fácil y tienes que ponerte a pensar, a esforzarte en comprender.

No es lo mismo leer el titular de un periódico que leer un libro. 

No requiere el mismo esfuerzo ver una imagen encuadrada y limpia que comprender una aptitud de un grupo social. 

Cuando todo nos lo entregan manipulado por la cocina, es muy fácil manipularlos a nosotros para entregarnos limpio y guapo el resumen de lo que tenemos "que ser". Y como es fácil de tomar lo que nos sirven, lo absorbemos con más facilidad.

¿Y dónde queda nuestra obligación de reflexionar? ¿Cómo es posible adquirir conocimientos si no somos capaces de reflexionar y esforzarnos nosotros mismos en entender lo que nos rodea, lo que va sucediendo en cada momento?

Si hay que vivir de ilusiones, lo lógico e incluso lo inteligente sería que esas ilusiones las creáramos nosotros mismos, no que nos las entregaran ya masticadas, para no tener ni que pensar en saber de dónde vienen.

Currículum a mano (casi) nunca es recomendable

Esta semana saltó a las noticias el caso de un joven argentino que ha logrado un trabajo tras presentar su currículum escrito a mano por no tener dinero para impresora. Como es lógico la excepción está para confirmar las reglas. NUNCA debemos imitar al joven argentino, excepto que seamos diseñadores gráficos, tengamos una letra excelente y hayamos escaneado el currículum para poderlo imprimir muchas veces.

La originalidad en un documento tan repetido como el curriculum tiene su punto positivo, y hay que utilizarlo. A cualquier selección de persona acuden decenas de solicitudes de lo más diferentes y a veces curiosas. El seleccionador tiene pocos segundos para decidir qué le importa, y se basa muchas veces en criterios ya decididos con anterioridad, para desechar decenas de las presentaciones por no cumplir algunos de los criterios que consideramos básicos para el puesto.

Pero siempre hay un punto de sorpresa, un “algo” que nos hace saltarnos ese protocolo de selección primera. Y suele ser la originalidad. También los currículum pueden entrar por los ojos, hacernos recapacitar de que detrás de esta hoja de papel puede haber una persona interesante que debemos conocer para ver si encaja.

Originalidad, y además algo muy importante. Adaptar tu currículum al puesto de trabajo al que te presentes. No se trata de personalizarlo que sería fabuloso, sino de NO TENER UNO sino al menos tres o cuatro currículum, para diferentes tipos de empresa o de trabajo.

Si gestionamos o decidimos, nunca debemos demostrar que estamos superados

Es lógico y deseable que intentemos sacar el máximo partido a nuestro poco tiempo diario (aunque sean 14 horas de trabajo), sobre todo si nuestro trabajo es el de organizar, gestionar o decidir, para que no se nos amontonen tareas y nos falte tiempo para gestionar en calidad. Todos hemos sufrido algunos días donde vamos totalmente groguis, superados, sin capacidad para poder atender bien todo lo que tenemos entre manos. Hay pues que priorizar, organizar mejor los tiempos y sacar del cajón algunos trucos muy necesarios. Y sobre todo NUNCA deben notar los que nos rodean que estamos superados por los acontecimientos o las decisiones. Las debilidades de los que dirigimos no se deben notar.

Cada decisión o gestión tiene que tener una tarea y un momento del día determinado con anterioridad para organizarlo. No es posible que se nos asalte con constantes decisiones en cada momento, sin dejarnos tiempo de reacción o de reflexión. Si se nos mezclan diferentes tipos de gestiones de forma aleatoria, nos vencerá el hundimiento y el descontrol. Tenemos que tener SIEMPRE la capacidad de poder dominar los tempos.

Para ello es fundamental llevar un dietario, un diario de las actividades pendientes de cada día. Indicado en él el momento del día para cada actividad. Y hay que intentar no saltárselas. Da igual si es en papel o digital, cada persona preferimos un sistema. Pero lo tenemos que llevar siempre encima. La ventaja del digital es que puede avisarnos.

Si nos faltan horas es que no estamos sabiendo delegar más. Es inevitable, hay que aprender a soportar la realidad de que en quien delegamos lo hará diferente a nosotros. No pidamos nunca lo imposible y que lo haga igual a nosotros es imposible.

Un truco que cada día se lleva más es dejar las conversaciones o incluso las negociaciones no muy importantes para la hora del almuerzo o el café de media mañana. Cuesta entenderlo, parece una falta de respeto, pero es dedicar un tiempo ya muerto para lograr un objetivo. La ventaja es que estamos empleando un tiempo obligado y que además está tasado en minutos. Se acaba el tiempo cuando se acaba la comida o el bocadillo o el café con pastas. El reloj funciona a la vez que mengua el alimento.
Efectivamente, no hay que reunirse tanto. Hoy tenemos sistemas para reunirnos sin reunirnos. Y si es inevitable, no permitamos los retrasos. A las 7 son a las 7 en punto. Y programemos bien los tiempos, no somos una máquina, pero necesitamos organizar nuestro tiempo para que no nos destroce las ganas de seguir trabajando duro. Dentro de esa dureza, debemos intentar dulcificar algo el tiempo de nuestras tareas a base de organizar mejor nuestro tiempo.